domingo, 5 de mayo de 2013

La Batalla de Cuarte, el Cid señor de Valencia.


Quien más y quien menos, conoce los avatares de Don Rodrigo Díaz de Vivar, sus destierros y los encontronazos con su señor, el rey Alfonso VI. Harto el buen vasallo de la incomprensión de su monarca, acabó por crear su propio feudo en Valencia, acompañado por sus fieles huestes, arrebató estas tierras a los antiguos señores musulmanes y resistió el envite de la nueva potencia norteafricana, los almorávide, que como una plaga, habían vuelto a teñir de sangre buena parte de España. Será tras la batalla desarrollada cerca de Quart de Poblet, conocida como Batalla de Cuarte, cuando el Cid, tras su mayor victoria, se haga llamar “princeps Rodericus campidoctor”.
El Cid

Tras la toma de Valencia por las tropas del Cid el 14 de junio de 1094, no tardó el famoso Yusuf, emperador almorávide, en poner sus ojos sobre estas tierras. Una vez más, una taifa débil, prefería el yugo integrista que representaba Yusuf, a tener que vivir bajo la cruz o teniendo que pagar grandes impuestos a un señor cristiano. Yusuf aprovechó la llamada de los ciudadanos de Denia para iniciar su expedición. Tras reclutar unos 4000 hombres en Ceuta, pasó al Península, donde las taifas sometidas a su poder le entregaron un número similar de soldados. A fines del verano llegó a las inmediaciones de Valencia, acampando en una llanura entre Quart y Mislata, pero el ramadán hizo que las operaciones quedaran muy paradas durante un mes, hasta que el 14 de Octubre se inició el asedio con toda su intensidad a la capital valenciana. La ciudad seguía siendo en mayor parte musulmana, con lo que era fácil que al iniciarse el asedio, se rebelaran contra las fuerzas cristianas del interior. Para evitar esta tentación, el Cid, que era un gran psicólogo, los amenazó con la muerte si el asedio se ponía duro. Además, utilizó una serie de fenómenos para afirmar que se auguraba una victoria cristiana. Como se recoge en varias crónicas, el Cid, viendo desde las murallas de Valencia el campamente enemigo, afirmó que este solo serviría para aumentar sus riquezas y el ajuar de sus hijas. Pero, lo que más influyó en la moral de los defensores, fue la propaganda del Cid, que hizo correr el rumor que los reyes Pedro I de Aragón y Alfonso VI, venían con grandes fuerzas para socorrer la ciudad. Lo del de Aragón parece que fue totalmente falso; mientras que respecto al rey leonés, si que pudo haber enviado tropas, pero el conflicto se resolvió antes de su llegada.
Estas noticias también llegaron a las tropas sitiadoras, provocando deserciones y disminuyendo la presión en el asedio. Así, tras una semana de infructuosos ataques, el Cid decidió salir de la ciudad a combatir a campo abierto. La estratagema elaborada por el Cid fue un éxito. Era noche cerrada cuando el mismo, comandando la mayor parte de su ejército, salió por la puerta Sur de la ciudad, donde los almorávides no tenían fuerzas. La caballería pesada del Cid dio un gran rodeo hasta situarse en la retaguardia de los sitiadores. Mientras, al amanecer, una pequeña fuerza de caballería hizo una salida para hacer creer a sus enemigos que era la típica acción que pretendía aliviar el asedio y conseguir provisiones. A su paso salió la mayor parte del ejército almorávide, cayendo así en la trampa. Estos jinetes cristianos tornaron grupas hacia la ciudad, a la vez que el Cid atacaba el campamento donde estaba el general almorávide Muhammad, quien, como todos, creyó que estaba siendo atacado por las esperadas fuerzas de Alfonso VI. Cundió el pánico entre los sitiadores que se desorganizaron como pudieron dejando numerosas bajas en el campo y huyendo de lo que creían era un gran ejército. El Cid no los persiguió pues carecía de entidad para ello, pero había levantando el asedio con una tropa menor, sin prácticamente bajas y, como había prometido, se había apoderado del campamento enemigo.
Desarrollo de la batalla

Gracias al botín y el armamento incautado, el Cid pudo asegurar su hegemonía en el principado de Valencia, tomando importante núcleos como Sagunto. Se alió con Pedro I, que pudo tomar Huesca, gracias al freno que suponía Valencia. Tras la muerte del Cid, su esposa Jimena defendió la ciudad todo lo que pudo, hasta que el propio Alfonso VI decidió que era mujer dejarla a los almorávides. Peso a ello, las acciones del Cid habían logrado equilibrar las fuerzas en la zona y dejar la poderosa Taifa de Zaragoza muy aislada del apoyo almorávide, con lo que en pocos años, el Reino de Aragón pudo expandirse hacia el sur aprovechando el trabajo del gran Rodrigo Díaz de Vivar.

 
Mapa de la época del Cid. Observese como el principado de Valencia
está clavado enmedio del poderío musulmán de los almorávides.

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