lunes, 30 de mayo de 2011

Netón, dios hispano de la guerra.

Pico de Aznaitin, donde habita el Dios Netón 
En un blog como este, dedicado principalmente a la historia militar española, no podía faltar una referencia a uno de los pocos dioses de la guerra autóctonos de nuestra nación. Se trata del dios Netón, Neto o Natín. No existen muchas referencias acerca de Netón, lo poco que sabemos es por lo que de él dicen autores clásicos como Estrabón o Macrobio. El primero afirma que es como el dios Marte con rayos. Tampoco se han conservado muchas referencias arqueológicas, destacando la encontrada en la Acci romana, hoy Guadix, que lo relaciona con la guerra y lo muerto. Los expertos se inclinan a pensar que su culto era únicamente por parte de los iberos, pero que acabo extendiéndose a la mayor parte de Hispania, siendo adoptado también por los celtas y convirtiéndose en un Dios Panhispánico.

Hay quien lo relaciona con el dios de la guerra celta Net, de ahí la costumbre en Hispania, como en el mundo celta, de cortar la mano derecha a los enemigos vencidos, como forma de ofrenda al Dios. De hecho, en la lengua celta, neto significa guerrero, aunque en ibero parece significar puro e incorruptible. Así mismo, el nombre de Neto o Neitín era también muy común en el pueblo ibero y hay zonas con esta toponimia, como la montaña Az-naitin, en Sierra Magina, donde se creía que habitaba el Dios.

Netón podría ser un dios de los infiernos, lo cual no significa que fuera perjudicial, sino que venía de la parte más extrema del mundo y puede que fuera adorado como un héroe antiguo, padre de la civilización ibera, como pasaba en el resto de religiones indoeuropeas.

Por tanto, poco sabemos de este Dios, pero lo que parece claro es que su culto estuvo muy extendido y que fue muy adorado.

¡Oh gran Dios Netón, acompáñanos en la guerra y llévanos a la victoria!


domingo, 29 de mayo de 2011

De soldado a Maestre de Campo, la gran historia de Don Juan del Águila.

Juan del Águila. Soldado de la Infantería Española
Como prometimos en un reciente artículo, aquí os traemos la fabulosa historia de Juan del Águila y Arellano, otro héroe olvidado por la historia y mal juzgado en su propia época. Toca hacerle justicia.


Nacido en Ávila en 1545 y criado en la localidad de donde era natural su familia materna, El Barraco, Juan era el cuarto hijo de Miguel del Águila y Sancha de Arellano, nieto del señor de Villaviciosa. Al tener tantos hermanos por delante, poco o nada podía heredar el joven Juan, así que como muchos en la época decidió labrarse un futuro en la religión de hombres honrados, en la milicia, en los famosos Tercios. Con 18 años se alista en la Compañía de Pedro González de Mendoza, hermano del Maestre de Campo Gonzalo de Bracamonte. Su primera acción -integrada su Compañía en el Tercio de Cerdeña según unos autores, en el de Sicilia, según otros- será en 1564 la toma del peñón de Vélez de la Gomera, habitual refugio de piratas. Al año siguiente participa en el socorro de Malta, salvándola del asedio de los turcos; y en 1566 en la ayuda a los genoveses en Córcega contra el rebelde Sampiero Corso. Llega 1567 y parte con el Tercio Viejo de Sicilia, o el de Cerdeña, a Flandes. Allí participa en la batalla de Heiligerlee, con lo cual nos decantamos por la opción de que estaba en el Tercio Viejo de Cerdeña, pues este fue disuelto por el duque de Alba como consecuencia de la venganza que por la derrota en esta batalla, lo soldados de este Tercio ejercieron contra la población. Además como les culpó el gran duque, en muchos años fue la única victoria holandesa en campo abierto y eso tenían que pagarlo. Tras estos sucesos la Compañía de Juan se integra en el Tercio de Flandes y su capitán le designa como alférez de la misma. En 1574 participa en la victoriosa Batalla de Mook. Dos años después es enviado a socorrer el castillo de Gante. Muerto el gobernador Luis de Requesens, Guillermo de Orange aprovecha para instar a la revuelta. Las tropas imperiales, como siempre estaban faltas de pago, y los alemanes y valones aprovechan la revuelta para cambiar de bando y dejar entrar a los rebeldes holandeses en Amberes, donde Sancho Dávila queda sitiado en la ciudadela. Aquí Juan del Águila da grandes muestras de liderazgo pues en Alost, donde los soldados españoles se habían amotinado por la falta de pagas, convence a estos para que depongan su actitud y le ayuden a salvar a sus compatriotas de Amberes. Los soldados de los Tercios, como tantas otras veces, anteponen su deber al dinero y toman la ciudad, eso sí cometiendo grandes saqueos y llevándose todo lo de valor. Juan del Águila es nombrado capitán y obtiene su propia Compañía. Estamos en 1577 y con la paz del Edicto Perpetuo, marcha, ahora sí, con el Tercio Viejo de Sicilia a Lombardía, pero enseguida es reclamado de nuevo por Don Juan de Austria, siendo repatriado en 1580 por Alejandro Farnesio, ya que se les adeudaban 24 pagas. Vuelve a Flandes en 1582 y al año siguiente, muerto su maestre de campo, es elegido para el cargo con tan solo 38 años. En veinte años había pasado de soldado bisoño a mandar todo un Tercio Viejo. En 1584 participa en el asedio de Amberes, donde se destaca su Tercio, especialmente en la batalla del dique de Covenstein. Rendida Amberes el 17 de Julio, los soldados reciben las 37 pagas que se les debían desde su retorno a Flandes. Son destinados a la Isla de Bommel, donde vivirán el famoso Milagro de Empel y posteriormente, en 1586, participa en las conquistas Grave, Neuss, Alpen y el socorro de Zutpehn, expulsando de allí al ejército inglés que asediaba la ciudad. En 1587 es herido gravemente en el asedio de la Esclusa y es llamado a la corte. Una vez allí, es presentado al rey Felipe II como “un hombre que nació sin miedo”. El monarca le concede crear un Tercio en Santander para la invasión de Inglaterra, pero ante el fracaso de la Invencible, se paraliza el proyecto. Parte a Francia en 1590 para ayudar a los católicos en las luchas religiosas de este país. Desembarca en Nantes y la Bretaña durante 8 años será su dominio. En Port Louis construye la fortaleza conocida como “Fuerte del Águila”. Toma en 1591 el castillo de Blain. En 1592 derrota aun ejército anglo-francés en Craon y persigue a los ingleses hasta destrozarlos en Ambrières. Este mismo año toma Brest, donde construirá la fortaleza del “puente de los españoles”, que ante la conversión al catolicismo de Enrique IV, con su aumento de fuerzas, se ve asediada, no pudiendo llegar a tiempo Juan del Águila para su socorro. La fortaleza resistió heroicamente y solo tuvo 13 superviviente, el resto fueron masacrados. Por suerte, las victorias españolas en el norte de Francia, obligan a Enrique IV a dejar casi abandonada la Bretaña, lo que permite a Juan del Águila rehacerse y organizar la, ya comentada aquí, expedición de Carlos de Amézquita contra suelo inglés. Nantes era una excelente plataforma para atacar Inglaterra, pero Felipe II, viejo y enfermo, harto de guerras, forma la paz de Vervins con Enrique IV y le devuelve todas las plazas de Bretaña.

De vuelta a España, Juan del Águila y su Tercio se dedican a escoltar galeones españoles, hasta que en 1600 es encarcelada acusado de estafar a la hacienda española. Es absuelto y para compensarle se le entrega la organización de la expedición a Irlanda, como base para atacar Inglaterra. Será la última gran campaña de este héroe y por la que será mal juzgado. En 1601 zarpa desde Lisboa con 33 barcos y dos Tercios con 4432 hombres en total. Tras las típicas inclemencias meteorológicas, Juan del Águila queda aislado en la localidad irlandesa de Kinslale con 3000 hombres. Los irlandeses apenas le aportan 900 hombres sin experiencia. Los ingleses les asedian con más de 12000. Juan del Águila no cesa de pedir refuerzos a España, pero los pocos que le mandan casi nunca llegan a buen puerto, nunca mejor dicho. El más destacado fue el de Pedro de Zabiaur, que zarpó el 7 de Diciembre de La Coruña con 829 soldados, además de numerosas provisiones y municiones. De los diez barcos que traía, cuatro los perdió en una tempestad. El resto llegó el día 17 a 48 km de Kinslale, donde los ingleses envían siete barcos, consiguiendo hundir solo un galeón español y sin poder tomar puerto al ser atacados por las baterías españolas desde tierra. En la madrugada de ese día, 1500 hombres salen de Kinslale para cavar con 700 ingleses y destruirles 20 cañones. Esta acción anima a los irlandeses a jurar fidelidad al ya rey Felipe III y entregar varios castillos y hombres a los españoles. Ahora los ingleses ya solo tenían 8000 hombres, pero seguían siendo superiores en número. Llegamos al 24 de Diciembre, cuando se produce la desgraciada Batalla de Kinslale, en que los ingleses supieron aprovechar la dispersión de las tropas hispano-irlandesas. Las tropas que habían llegado de socorro, más un ejército irlandés formado en el norte de la isla por los nobles de la zona, intentan romper el cerco y llegar a Kinslale. Sabiendo que los irlandeses eran de lejos los más débiles, lanzaron sobre ellos su caballería, la cual les desbandó. El español Ocampo será el único que plante una resistencia seria y profesional a los ingleses, pero al precio de la muerte de 90 hombres y tener 52 prisioneros, aunque logro que los irlandeses “solo” perdieran 1200 hombres de los alrededor de 6000 que huían como alma que lleva el diablo. Los ingleses, en este desbarajuste fruto de la falta de coordinación y de la poca profesionalidad de los bisoños irlandeses, tan solo tuvieron 12 bajas. Juan del Águila pacta una capitulación honrosa, cede las plazas de la zona a los ingleses a cambio de salir con todas sus banderas y pertenencias de Kinslale. Además se les tenía que asegurar el viaje a España a los 1800 hombres que le quedaban, más todos los irlandeses que se le quisieran unir. El 13 de Marzo de 1602 llega Juan del Águila a La Coruña. En un gran gesto, con los 59000 escudos que llevaba encima crea un hospital de campaña para atender a los soldados heridos.

Pese a todas las dificultades de la empresa irlandesa y de conseguir salir de aquel desaguisado con la cabeza bien alta, se le abre un Consejo de guerra a Juan del Águila, acusándole de haber perdido la reputación. Antes de ser juzgado, deprimido por que se pusiera en duda su conducta militar y el arresto domiciliario que sufría, muere en Agosto este gran soldado. Aún después de muerto el Consejo de guerra le acuso de tibieza, sin tener en cuenta que había soportado un asedio de 3 meses en condiciones penosas ante fuerzas muy superiores.

Desde aquí reclamamos el honor que este soldado se merece y limpiamos su buen nombre, aquel que quisieron manchar burócratas que hacían la guerra a miles de kilómetros de donde sonaban los arcabuces y se plantaban las picas.

Bibliografía: www.tercios.org

Excelente web sobre los Tercios españoles. Muy recomendable su visita.

sábado, 21 de mayo de 2011

La Batalla de Tigranocerta.

Lucio Licio Lúculo
La historia militar nos da muchos ejemplos de cómo por encima del número de combatientes, lo más importante es poseer unas tropas bien organizadas y entrenadas. En muchas ocasiones unos pocos han vencido unos muchos contra todo pronóstico. Quizás, uno de los casos más extremos, sea el de la Batalla de Tigranocerta, que enfrente a la República Romana contra Armenia.


Antes de nada, cabe decir, que las únicas fuentes que tenemos sobre la contienda son las romanas, que, por lo tanto, pueden resultar partidistas y exagerar los datos a du favor. En el contexto de la Tercera Guerra Mitridática, Roma, centrándose en sus disputas internas entre populares y optimates, había dejado de lado el peligroso frente oriental, donde el sempiterno Mitrídates VI, apoyado por su yerno, el rey Tigranes de Armenia, se había reorganizado y recuperado el prestigio perdido tras el final de la Segunda Guerra y la Paz de Dárdanos. Roma, que había recibo Bitinia a través del testamento de su último rey, Nicomedes IV, ve como esta nueva provincia es invadida por Mitrídates IV, alegando que el testamento estaba falseado. El hombre fuerte del momento en Roma era Sila, campeón de los optimates, al que no paraban de abrírsele frentes en su lucha por el poder. Por suerte para la ciudad del Tiber, contaba en la zona con un buen general, el procónsul Lucio Licinio Lúculo, que aprovechó lo que parecía una desventaja, tener que enfrentarse a un gigantesco ejército, en su principal baza. Pronto empezó a atacar sus líneas de abastecimiento y consiguió que la logística de su enemigo no funcionara. Ante esto, Mitrídates asedia Cícico, la cual debe tomar a toda costa para conseguir alimentos, pero a su vez, Lúculo le ataca por la espalda y los pontinos quedan atrapados entre dos fuegos, teniendo que abandonar el sitio y siendo muy mermados en su desorganizada huida. Tras este éxito, Lúculo entra en Armenia rápidamente sorprendiendo a Tigranes, que confiado en su abrumadora superioridad numérica se concentra en su capital, Tigranocerta, donde concentra todas sus fuerzas. Las cifras que nos han dado los historiadores dicen que Lúculo disponía solo de 2 legiones y 12.000 hombres en total, frente a 240.000 que tenía su enemigo.

Tras ver a los primeros romanos, Tigranes se sorprende de que ya estén en sus tierras, pero minusvalora a Lúculo y se mofa de él diciendo que lleva pocos hombres para un ejército, pero muchos para ser una embajada. En un primer envite envía 3000 hombres que son aniquilados por la escasa caballería romana. Ante este primer fracaso manda más hombres a atacar por sorpresa a través de los Montes Taurus, pero son descubiertos y también son masacrados por los romanos, que deciden asediar la ciudad invitando a los armenios a salir a su encuentro. Los dos ejércitos se encuentran en el río Batman-Su, aunque Lúculo deja algunas tropas continuando el asedio. En el bando armenio, Tigranes ocupa el centro con sus catafractos y dos reyes vasallos los flancos. Las tropas romanas no tenían la mejor motivación, ya que no querían luchar al ser 6 de octubre, un día nefasto, aniversario de la derrota de Arausio contra los címbrios y teutones en el 105 a.C., donde perecieron más de 100.000 romanos. Pero estamos en el 69 a.C. y Lúculo no es un hombre supersticioso. Mientras su caballería auxiliar, gala y tracia, distrae a los catafractos, la infantería corre hacia los arqueros armenios para evitar sus flechazos. Al estar cada ejercito a un lado del río, los romanos se dirigen a una zona donde había un vado para poder cruzarlo, interpretando este gesto los armenios como una huída. En estos momentos dos cohortes que habían conseguido cruzar el río, flanquean a los armenios por detrás de la colina y los atacan en cuesta abajo. Cunde el pánico entre los armenios y los catafractos huyen sembrando el desconcierto en sus filas. Lúculo ve que es posible conseguir una victoria aplastante y motiva a sus hombres gritando que el día es suyo. Los romanos realizan una masacre y capturan el equipaje del rey. Las cifras, puede que abultadas, pero impresionantes, nos dan solo 100 heridos y 5 muertos romanos, por unos 100.000 armenios. Sobra decir, que la maniobra de Lúculo fue brillante y sirva de ejemplo de cómo un hombre puede hacer girar una situación con todo en contra y salir triunfador.

domingo, 15 de mayo de 2011

Fernando Sánchez de Tovar y Carlos de Amézquita, los marinos que invadieron Inglaterra.

Frente a lo que mucha gente cree, y que tantas veces hemos criticado, España no fue, ni mucho menos, siempre derrotada en el mar por los ingleses. Además, frente al fracaso de la invasión del suelo inglés con la Invencible, hubo otras ocasiones en la que sí consiguió ocupar el territorio de la pérfida Albión. El pionero de estas hazañas fue el Almirante Mayor de Castilla Fernando Sánchez de Tovar dentro del marco de la Guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia en que los intereses españoles se pusieron al lado de los galos.


De 1374 a 1380, Sánchez Tovar será una auténtica pesadilla para los habitantes de las costas inglesas del Canal de la Mancha. En 374 con 15 galeras castellanas, más 5 portuguesas y algún refuerzo francés comandado por el almirante Jean de Vienne, organiza una expedición de castigo cuyo mayor éxito es el saqueo de la Isla de Wight. Vuelve a la carga en 1377, de nuevo junto a Vienne, formando una escuadra de 50 galeras y 5000 hombres que asolará las poblaciones de Rye, Rotingdean, Lewes, Folkestone, Portsmouth, Dartmouth y Plymouth, Southampton, Hastings, Poole y otra vez la Isla de Wight, que quedo completamente destrozada. En 1379 continua su dominio sobre el Canal de la Mancha, imprescindible para el comercio con Flandes y captura cuatro naves inglesas. Pero será en 1380, una vez más junto a su colega Vienne cuando realice su mayor gesta. Tras partir de Sevilla con 20 galeras, se une con Vienne en La Rochelle y derrotan a la flota inglesa y sus aliados, comandadas por el abad de Battle, en Winchelsea. Tras aprovisionarse en el puerto de Harfleur parten hacia la desembocadura de Londres hasta casi las mismas puertas de Londres, prendiendo fuego al a vecina localidad de Gravesend y otras aldeas menores. Esta expedición se realizó bajo el reinado de Juan I, el cual la recogió en la crónica de su reinado con estas palabras:

“Ficieron gran guerra este año por la mar, e entraron por el río Artemisa (el Támesis) fasta cerca de la cibdad de Londres, a do galeas de enemigos nunca entraron”
Ataques de Sánchez de Tovar

Tendrán que pasar más de dos siglos, con la Invencible de por medio, para que soldados españoles vuelvan a saquear con creces las costas inglesas, y será en la conocida como Batalla de Cornualles. Durante la Guerra de los tres Enriques, como consecuencia de una expedición organizada por el genial Juan de Castillo, al que le debemos un buen artículo, y comandada por el excelente marino Carlos de Amézquida. Con tres compañías de arcabuceros, unos 400 hombres, embarcados en cuatro galeras, la Capitana, la Peregrina, la Bazana y la Patrona, se planta el 2 de Agosto de 1595 en la Bahía de Mount. La defensa de las costas inglesas estaba a cargo de las milicias inglesas, pero los miles de hombres que las formaban huyen despavoridos al ver a los magníficos hombres de los Tercios, ya se sabe “Españoles en el mar quiero, y si es por tierra que San Jorge nos proteja”. En tan solo dos días los españoles obtienen un buen botín y queman las poblaciones de Newlyn, Paul, Penzance y Mousehole, destacando que en esta última solo quedo en pie un pub. Además desmontan la artillería de todos los fuertes ingleses de la zona y la embarcan en sus naos. Al final del segundo día, en el fuerte de Penzance, se permiten el lujo de celebrar una misa católica, prometiendo construir una iglesia el día que Inglaterra sea derrotada. Al embarcar para volver a territorio amigo arrojan por la borda a todos los prisioneros. Son alcanzados por una embarcación de la Royal Navy, la cual consiguen hundir; y consiguen esquivar una flota comandada por los celebres Francis Drake y John Hawkins, que había sido enviada para capturarles. La que si les dio alcance fue una escuadra holandesa de 46 navíos, que les causó las únicas 20 bajas de la expedición, pero a la cual consiguieron hundir dos embarcaciones.

Para finalizar, cabe destacar, que fruto de este éxito, Felipe II se animo a organizar de nuevo una invasión a gran escala como la de 1588 con la Invencible. En 1597, reunió 136 navíos de guerra y aún más de transporte y casi 9000 soldados, junto a 4000 marineros, pero de nuevo las inclemencias meteorológicas desbarataron los planes del monarca español, aunque esta vez no hubo que lamentar perdidas, pues la flota pudo volver tranquilamente sobre sus pasos. Pese a todo, siete embarcaciones alcanzan su objetivo y desembarcan en Falmouth, donde 400 soldados se hacen fuertes y esperan invadir Londres a la llegada de refuerzos. Al ver que estos nos llegan y tras dos días, en que de nuevo las milicias inglesas ni se asoman para hostigarles, se les ordena que embarquen rumbo a España, donde llegan sin ningún tipo de problema.

Como siempre, poca gente conoce estos hechos, sirva este artículo para hacer un poco de justicia.
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