sábado, 16 de julio de 2011

Lo Valensianet, una soldado carlista.

Cuadro de Francica Guarch en el antiguo Museo
del Ejército en Madrid
España, tierra de Don Quijotes. ¿Quién no ha soñado con emular las gestas de los héroes de los libros? ¿Quién no se ha quedado embelesado por las batallitas que le contaba su abuelo y ha querido emularlo? Pues bien, algo parecido le ocurrió a nuestra protagonista, la cual desde muy pequeña disfrutó de las hazañas que le narraba su padre, veterano carlista de la primera guerra. Francisca Guarch Folch, que así se llamaba esta brava fémina, no pudo contener su ardor guerrero al estallar la III Guerra Carlista, más aún cuando su hermano partió hacia el frente. Pese a ser el carlista un movimiento tan tradicional y conservador, no dudo Francisca en lanzarse a la aventura y luchar por dios, la patria y el rey. Con tan solo 15 años y tras salir de misa, escapa de su pueblo, el castellonense Castellfort y recorre más de 400 kilómetros hasta Cataluña buscando una partida a la que unirse. Decidió alejarse tanto de su hogar para no ser reconocida, y gracias a una pareja de su misma ideología que encontró por el camino, pudo cambiar sus ropajes por unos masculinos y llegar a su destino como Francisco. En Gerona logra su sueño y consigue la ansiada boina roja. Nunca se le notó su condición de mujer, muy al contrario el joven conocido como lo valensianet no dudo en cortejar a varias mozas de la zona y llego a prometerse con una tal Carmen, por la que hubo de batirse y pasar unos días bajo arresto. Tampoco le tembló el pulso a esta heroína carlista cuando hubo de fusilar a un traidor, o cuando en medio de una refriega cargó durante varias horas con un compañero herido. El mismísimo infante Alfonso, hermano del pretendiente carlista Carlos VII, le otorgó una cruz al merito militar, pues como bien decía su capitán, el chico era como un león.


La aventura de Francisca acaba el día que su desesperado padre da con ella. Había salido a buscarla en cuanto huyó y durante todo ese tiempo no había cejado en su empeño de dar con ella. Al principio nadie le creyó, pero tras dar con ella se llevó a la desconsolada Francisca, que veía como nunca más podría volver a empuñar su fusil. Este episodio es narrado en sus memorias por Doña María de las Nieves de Braganza, esposa de Alfonso y otra brava mujer que acompañó a su esposo durante toda la campaña:

Un día se nos presentó un hombre del Maestrazgo y nos pidió, con mucha insistencia, que le devolviéramos a su hija, que servía, decía él, en nuestras filas. Al principio le creímos loco y le aseguramos que no había mujeres en nuestras tropas, pero él insistió, y nos dijo que su hija tenia dieciséis años y se llamaba Francisca Guarch, vecina de Castellfort, provincia de Castellón… los padres de la joven recibieron una carta suya, en la que les decía que estaba con los carlistas… la chica no indicaba con que fuerzas iba… Alfonso dijo a aquel hombre que mandaría formar la fuerza, y que entonces podía pasar la revista (el padre), y si encontraba allí a la chica, llevársela con él. Así se hizo, y vio el feliz padre a su Francisca convertida en voluntario carlista… Estaba desconsolada, porque ahora, ¡adiós filas! ¡Adiós batirse por la Religión! Único motivo por el que dejo su casa… Tenía una fuerza extraordinaria para su edad. En un combate llevo durante horas a un herido a hombros. Se distinguió siempre por su buen comportamiento y su gran valor… ¡Pobre Francisca! ¡Qué dolor el abandonar su uniforme! Antes del triste momento de despojarse de él prendí en su pecho la Cruz del Mérito Militar, que acababa Alfonso de concederle… El quedar en España era demasiado expuesto para Francisca y así que la mandamos a Francia, a Perpiñán.

Tras este exilio no queda muy claro que fue de Francisca. Hay quien dice que volvió a su pueblo, donde murió sola. Otros autores apuestan porque continuó con su lucha por el carlismo y participo en la conspiración de Badalona en el 1900, para pasar después a coger los hábitos de las monjas de la caridad hasta su muerte en 1903.

Fotografía de Lo valensianet en el Museo
Militar de Valencia
Hoy en día su figura se recuerda en el museo militar de Valencia. En la antigua sala de las mujeres militares del museo del Ejército en Madrid se exponía la misma fotografía que en Valencia, pero en el nuevo de Toledo, como tantas otras cosas, se la echa de menos, sino es que se encuentra perdida en una de las anárquicas vitrinas de ese laberinto horroroso que es el nuevo museo.

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