sábado, 21 de mayo de 2011

La Batalla de Tigranocerta.

Lucio Licio Lúculo
La historia militar nos da muchos ejemplos de cómo por encima del número de combatientes, lo más importante es poseer unas tropas bien organizadas y entrenadas. En muchas ocasiones unos pocos han vencido unos muchos contra todo pronóstico. Quizás, uno de los casos más extremos, sea el de la Batalla de Tigranocerta, que enfrente a la República Romana contra Armenia.


Antes de nada, cabe decir, que las únicas fuentes que tenemos sobre la contienda son las romanas, que, por lo tanto, pueden resultar partidistas y exagerar los datos a du favor. En el contexto de la Tercera Guerra Mitridática, Roma, centrándose en sus disputas internas entre populares y optimates, había dejado de lado el peligroso frente oriental, donde el sempiterno Mitrídates VI, apoyado por su yerno, el rey Tigranes de Armenia, se había reorganizado y recuperado el prestigio perdido tras el final de la Segunda Guerra y la Paz de Dárdanos. Roma, que había recibo Bitinia a través del testamento de su último rey, Nicomedes IV, ve como esta nueva provincia es invadida por Mitrídates IV, alegando que el testamento estaba falseado. El hombre fuerte del momento en Roma era Sila, campeón de los optimates, al que no paraban de abrírsele frentes en su lucha por el poder. Por suerte para la ciudad del Tiber, contaba en la zona con un buen general, el procónsul Lucio Licinio Lúculo, que aprovechó lo que parecía una desventaja, tener que enfrentarse a un gigantesco ejército, en su principal baza. Pronto empezó a atacar sus líneas de abastecimiento y consiguió que la logística de su enemigo no funcionara. Ante esto, Mitrídates asedia Cícico, la cual debe tomar a toda costa para conseguir alimentos, pero a su vez, Lúculo le ataca por la espalda y los pontinos quedan atrapados entre dos fuegos, teniendo que abandonar el sitio y siendo muy mermados en su desorganizada huida. Tras este éxito, Lúculo entra en Armenia rápidamente sorprendiendo a Tigranes, que confiado en su abrumadora superioridad numérica se concentra en su capital, Tigranocerta, donde concentra todas sus fuerzas. Las cifras que nos han dado los historiadores dicen que Lúculo disponía solo de 2 legiones y 12.000 hombres en total, frente a 240.000 que tenía su enemigo.

Tras ver a los primeros romanos, Tigranes se sorprende de que ya estén en sus tierras, pero minusvalora a Lúculo y se mofa de él diciendo que lleva pocos hombres para un ejército, pero muchos para ser una embajada. En un primer envite envía 3000 hombres que son aniquilados por la escasa caballería romana. Ante este primer fracaso manda más hombres a atacar por sorpresa a través de los Montes Taurus, pero son descubiertos y también son masacrados por los romanos, que deciden asediar la ciudad invitando a los armenios a salir a su encuentro. Los dos ejércitos se encuentran en el río Batman-Su, aunque Lúculo deja algunas tropas continuando el asedio. En el bando armenio, Tigranes ocupa el centro con sus catafractos y dos reyes vasallos los flancos. Las tropas romanas no tenían la mejor motivación, ya que no querían luchar al ser 6 de octubre, un día nefasto, aniversario de la derrota de Arausio contra los címbrios y teutones en el 105 a.C., donde perecieron más de 100.000 romanos. Pero estamos en el 69 a.C. y Lúculo no es un hombre supersticioso. Mientras su caballería auxiliar, gala y tracia, distrae a los catafractos, la infantería corre hacia los arqueros armenios para evitar sus flechazos. Al estar cada ejercito a un lado del río, los romanos se dirigen a una zona donde había un vado para poder cruzarlo, interpretando este gesto los armenios como una huída. En estos momentos dos cohortes que habían conseguido cruzar el río, flanquean a los armenios por detrás de la colina y los atacan en cuesta abajo. Cunde el pánico entre los armenios y los catafractos huyen sembrando el desconcierto en sus filas. Lúculo ve que es posible conseguir una victoria aplastante y motiva a sus hombres gritando que el día es suyo. Los romanos realizan una masacre y capturan el equipaje del rey. Las cifras, puede que abultadas, pero impresionantes, nos dan solo 100 heridos y 5 muertos romanos, por unos 100.000 armenios. Sobra decir, que la maniobra de Lúculo fue brillante y sirva de ejemplo de cómo un hombre puede hacer girar una situación con todo en contra y salir triunfador.

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