martes, 28 de diciembre de 2010

ELOY GONZALO, EL HÉROE DE CASCORRO.

En las guerras, al margen de las grandes hazañas que pasan a la historia, hay multitud de pequeñas acciones llenas de heroísmo que muchas veces caen en el olvido. Por suerte, no es el caso de nuestro protagonista, cuyo ejemplo demuestra además, que se puede enderezar una vida torcida por el destino y convertirse en leyenda.


Monumento a Eloy Gonzalo
Eloy Gonzalo fue abandonado en Madrid un 1 de diciembre de 1968 por su madre, Luisa García, una joven soltera que no se vio capaz de sacar adelante ese hijo de padre desconocido. Eso sí, dejó una nota con su nombre y pidiendo que llamaran al niño Eloy Gonzalo García, por lo que al menos sabemos que la joven si sabia quien la había dejado encinta. Pronto el niño fue recogido por un guardia civil y su esposa, por lo que pasará su infancia y juventud en los diferentes destinos de su padre adoptivo, siempre cerca de Madrid.

A los 21 años, en 1889, Eloy ingresa en el Regimiento de Dragones Lusitania nº 12, donde alcanza el rango de Cabo. Tres años después, pasa a formar parte del Cuerpo de Carabineros, estando destinado en Algeciras y Estepona, pero en 1895 por un delito de insubordinación es condenado a 12 años de prisión militar. Se complicaba mucho la vida de Eloy, pero ese mismo año, el estallido de los conflictos de Cuba y Filipinas, hizo que muchas penas se conmutaran a cambio de ir a luchar a estas zonas. No desaprovechó Eloy esta oportunidad que se le presentaba y se alista en el Regimiento de Infantería María Cristina nº 63, con destino en Puerto Príncipe (Cuba). La guerra estaba en su momento más difícil y el 22 de septiembre de 1896, 3000 insurrectos cubanos, cercan la pequeña población de Cascorro, cercana a Puerto Príncipe. Allí quedaron sitiados los españoles, volviéndose cada vez más preocupante su situación. Es aquí cuando Eloy entra en la historia. El día 26, al borde de la derrota total, los españoles entienden que la única posibilidad para salir de aquella ratonera es volar una casa donde están atrincherados la mayoría de los insurrectos que no paran de hacer fuego contra ellos. Eloy Gonzalo se ofrece voluntario para ir con una lata de petróleo a hacer estallar el edificio. Decidido la cogió, junto a su fusil y solo pidió que le ataran una cuerda a la cintura, pues siendo lo más probable que estallará con él dentro o que fuera descubierto, no quería que su cuerpo quedara en manos del enemigo. Gracias a la cuerda, sus compañeros, podrían tirar de su cuerpo para recuperarlo. Pero, contra todo pronóstico la acción fue un éxito. Pronto su acción fue conocida en toda España y el Madrid más castizo, que sabía que era uno de los suyos, lo escogió como estandarte.

Eloy siguió combatiendo en Cuba y obtuvo la prestigiosa Medalla al Merito Militar con distintivo rojo, con pensión de 7,5 pesetas incluida, pero nunca volvería vivo a España, pues una enfermedad le arrebató la vida el 18 de Junio de 1897 en el Hospital de Matanzas. Su cuerpo fue repatriado y sus restos descansan en el cementerio de la Almudena, junto a otros héroes anónimos de aquellas guerras coloniales. El pueblo de Madrid no olvidó a su héroe, y primero lo dedicó una calle y el ayuntamiento le erigió una estatua en el Rastro, en una plaza que a pesar de ser de Nicolás Salmerón, para los madrileños siempre fue la plaza de Cascorro, su héroe Eloy Gonzalo.
La plaza donde está la estatua de Eloy Gonzalo acabó llamándose de Cascorro.



Bibligrafía: www.historiaymilicia.com

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